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martes, 7 de junio de 2011

EN LA VARIEDAD ESTA EL GUSTO

Vivo en un país, como dice un político que me desagrada mucho, donde habitan todas las sangres. Debo admitir que tiene razón aunque el político en mención no me guste nada. Somos personas con características particulares que nos hacen únicos y facilmente diferenciables unos de otros. Será el clima o la comida, pero lo cierto es que creo que  ambas cosas tienen mucha influencia en el actuar y el sentir contidiano de cada uno de nosotros.
Se dice que la Selva siempre anda de fiesta, de baile en baile, y como no va a ser con ese esplendoroso sol que se hace sentir apenas despunta la mañana para alegrarle el día a cualquiera. Sí, en la selva se celebra todo lo que hay que celebrar y si no hay nada que celebrar igual nomás se baila y se come, y se invita a la fiesta  al vecino y al amigo del vecino y al amigo del amigo del vecino, no hay problema, total la comida nunca falta ni sus afrodisiacos tragos que tienen la virtud de invitar cordialmente al amor porque en la selva se ama, y el que no ama mejor que no vaya a la fiesta ni a la Selva. Asi son, amigables, alegres, calientes por el sol o por sus afrodisiacos o por su propia naturaleza o como dice una amiga por ahi por las motos, porque no hay nada más sexy que una chica manejando moto mientras sus cabellos flotan en el aire.
En cambio en la sierra la gente anda tapadita, las mujeres desconfían de los extraños, tienen la mirada calmada, como triste, son más bien tímidas, pero no por eso tontas, será el frío que por las noches se mete hasta en los huesos y les quita las ganas de sonreir, y las hace parecer tristes cuando en realidad me imagino  no lo serán tanto. Son creativas, unas verdaderas artistas, autodidactas, cuyo talento les viene de antaño y lo transmiten de generación en generación. Asi son, felices aunque por fuera parezcan tristes, es que asi son las artistas, melancólicas por naturaleza.
Y ahora me toca a mí, y la verdad es que no me reconozco ni en una ni en otra, ni chicha ni limonada, no soy ni feliz ni triste, termino medio nomás, como lo somos la mayoría de capitalinas que vamos por la vida corriendo, nunca tenemos  tiempo para nada, y menos aún para pensar en el otro, suficiente tenemos con nosotras mismas y nuestros problemas, será también por el clima que no termina de definirse, que no es ni frío ni caluroso, o por la comida que por lo general es al paso, o por el bullicio de la ciudad que está cada día más caótica si no me creen  pregúntenle a Susana Villarán.
Somos diferentes y es maravillosos y divertido, en la diversidad está el gusto, pero mientras no lo entendamos de esa forma, seguiremos siendo tres países en uno, y la idea es que seamos un solo país con tres regiones diferentes que se entienden y se quieren.

sábado, 14 de mayo de 2011

ANA LU EN MANCORA

Llegamos. Al fin, dijo mi esposo mientras  acostaba a Ana Lu que había llegado dormida al hotel. Eran más de las diez de la noche, y considerando que Ana Lu suele acostarse a las siete de la noche era totalmente comprensible que la pobre estuviera profundamente dormida. 
Al día siguiente nos levantamos muy temprano, teníamos ganas de salir corriendo de la habitación para verlo todo, ¿Qué era todo? simplemente el mar que desde nuestra ventana se veía grandioso, infinitamente azulado verdoso,  mas bonito que en la página de internet de donde habíamos sacado la información para el viaje, y eso que en esas páginas suelen exagerar la belleza de los lugares con el famoso fotoshop. Pero para Ana Lu el mar no era digamos lo que capturó su atención, todo lo contrario, le dio miedo, de arranque lloró al oir el sonido de las olas mientras su papá intentaba sin resultado alguno llevarla hacia la orilla, no no no le decía llorando mientras escondía su carita llena de lágrimas en su pecho. Por supuesto que no quisimos someterla a un sufrimiento innecesario por lo que terminamos llevándola nuevamente al hotel. De pronto se había calmado, no lloraba y empezó a gritar la única palabra que sabe decir "agua" y en la piscina llena de agua se metió con una amplia sonrisa en su carita que ya no tenía lágrimas, pataleaba, jugaba con el agua, se la tomaba, caminaba alrededor de la piscina, sonreía, gritaba de alegría y después de nó sé cuanto rato,  supuse que había pasado mucho tiempo porque sus manitas ya estaban totalmente arrugadas, intenté sacarla sin éxito de la piscina. Ella no quería salir y la verdad yo ya  no quería que saliera aunque se le arrugara toda la piel porque hacía mucho tiempo que no la veía tan feliz. Era toda una niña mancoreña con pinta de mini hippie, con los pelos despeinados y una casaquita con capucha que la protegía de los vientos que empezaban a soplar con fuerza durante la tarde. Una niña mancoreña con chupón y pañales de winnie pooh, una niña feliz disfrutando de la naturaleza, el aroma a sal, los vientos cálidos, y las tardes llenas de diversión en la piscina.
La mascota del hotel era un simpaticó gatito que merodeaba por todos lados, y al que Ana Lu llamaba gritándole gua guao porque para ella todos los animales de cuatro patas son guao guaos.Era gracioso escucharla cuando llamaba al gatito, y era más gracioso aún verla posar para las fotos que su papá no se cansaba de tomarle, es una posera con estilo, coquetísima y loquísima. No cabe duda que este viaje fue divertido y sobretodo muy estimulante para mi pequeña Ana Lu.

lunes, 7 de febrero de 2011

LA NIÑA DE LA GUERRA

La primera vez que la vi me impresionaron sus maravillosos ojos verdes porque  expresaban cierta tristeza, quizà nostalgia del pasado, de un pasado que fui descubriendo con el transcurrir de los años. La recuerdo parada en la puerta de su departamento con un moño hecho a la loca, siempre sus moños fueron hechos a la loca, un pincel en la mano, la ropa manchada de pintura,  sus manos temblorosas, respondiendo de mala gana las preguntas que le hacìa una señorita. Teresita parecìa apurada, impaciente, con ganas de cerrarle la puerta en la cara, no lo hizo, pudieron màs sus buenos modales, a los que a veces dejaba de lado porque la verdad nunca le importò lo que la gente pensara de ella ni de sus modales. Yo tenìa unos catorce años, poca verguenza y mucha curiosidad por descubrir lo que habìa detràs de esa puerta a medio abrir, sin embargo, algo de temor me daban esos maravillosos ojos verde que parecìan tristes, enigmàticos, como si tuvieran una larga historia que quisieran contar.  De pronto escuchè a la señorita despedirse amablemente mientras Teresita hacìa un gesto forzado con los labios intentando un sonrisa fallida mientras la mujer desaparecìa por los largos pasillos del edificio, me dio risa la escena, a Teresita tambièn, y de pronto nos encontramos las dos rièndonos juntas en la sala de su departamento. Colgados en las paredes muchos cuadros, algunas fotografias, un ambiente alegre  que contrastaba con sus ojos coloridos pero tristes, y allì en medio de ese carnaval bohemio estaba yo, con mis catorce años recièn cumplidos jugando a ser grande, sintièndome libre, escuchando sus historias contadas con tanta gracia porque ella era asi, graciosa y elegante, aunque se vistiera con esos horribles pantalones de franela desteñida y su tìpico moño hecho a la loca, lucía  elegante porque a ella la elegancia se le salìa por los poros, no necesitaba ni una pizca de maquillaje para verse hermosa, ni lucir trapos caros para brillar ni para cautivar. Teresita,  parecìa estar siempre en otro mundo, con la mirada puesta en el horizonte, en ese horizonte que tantas tardes observaba desde la cubierta del barco que la sacò de España para llevarla por el mundo cuando su padre aùn la llamaba cariñosamente Nena. Asi llegò al Perù, despuès de algunas peripecias y despuès de haber besado algunos sapos. Llegò para quedarse porque ella así lo decidió. Era pasional y esa misma pasiòn que ponìa en cada uno de sus cuadros la condujo hacìa èl, su maestro, y por èl se quedò, por los caballos de paso, por la playa, y porque ya no querìa ser de nuevo una niña de la guerra. Y ahora que ya no està la sigo recordando tal y como la vi la primera vez, con ese aire despreocupado, con las manos manchadas de pintura, diciendo unas cuantas groserìas mientras me contaba sus historias, caminando por  la calle con direcciòn a la nada,  mirando el suelo como si buscara algo, y aunque es inevitable que no me sienta triste cuando pienso en ella, al mismo tiempo puedo sonreir recordando sus locuras y sus ganas constantes de reirse de ella misma. Teresita pintò lo que le dio la gana, amò sin discreciòn, escribiò un libro y creo que finalmente fue feliz.

sábado, 22 de enero de 2011

Fragmento de mi libro de relatos"De recuerdos y sueños y amores y mas...


"DE RECUERDOS Y SUEÑOS Y AMORES Y MAS

Fragmento de mi libro de relatos "De recuerdos y sueños y amores y mas...

- Papito, papi querido, sigue leyendo, me gusta escuchar tu voz, mamá dice que tu voz tiene carácter. ¿Qué es carácter, papi? responde.
- ¿Qué más dice tu madre?
- Que pronto te irás de casa. Yo le grito con toda mi voz, “mamá mentirosa”, “mamá mala”. ¿Por qué mamá dice mentiras? Papito responde, ¿papi se fue a la luna? – preguntaba Mariana cuando lo notaba completamente ausente. Mamá se escondió para llorar, dice que es un juego nuevo, papi, no me gusta ese juego. Creo que se volvió loca como la abuela.
- Mariana, baja la voz, la abuela está enferma.
- Mamá dice que está loca y que por su culpa se murió el abuelo francés.
- Basta niña, ya tienes ocho años.
- ¿Y tú cuántos años tienes?
- Muchos.
- ¿Cuántos?
- No te importa.
- Mi papi se volvió viejo, como al abuelo francés le llegó el climaterio.
- ¡Mariana! ¿Dónde escuchaste esa tontería?
- Me lo dijo mamá.
- No lo repitas.
- ¿Por qué?
- Porque no.
- Entonces es verdad. Mi papito ya no puede con una mujer.
- Te voy a lavar la boca con jabón.
- ¡Ah!, no papito, por favorcito no lo hagas. Le suplicaba mientras resbalaban por sus mejillas unas cuantas lágrimas de cocodrilo.
- Pórtate bien.
- Te lo prometo papito, pero no me laves la boca.
- Vamos a partir la torta.
- Mamá sigue jugando el nuevo juego, ¿Cuánto faltará para que se le acaben las lágrimas?
- Llama a tu madre.
- Está jugando el juego triste. Mamá la llorona, la abuela loca, vaya familia la que tengo.
- Basta, qué rápido se te olvidan las promesas. ¿Sabes qué les pasa a las niñitas que no cumplen sus promesas?
- Sí.
- ¿Qué les sucede?
- Se las lleva el diablo.
- ¿Quién te dijo eso?
- Mamá.
- Ella te mintió, el diablo no existe.
- Eso no es verdad – replicó Mariana gritando- sí existe y vive en el infierno.
- Claro que no.
- Si el diablo no existe entonces tampoco existe Dios - le dijo Mariana muy resuelta. El padre enmudeció, la miró fijamente a los ojos sin parpadear. Las palabras de su hija le sonaron como un cañonazo en sus oídos, su rostro se agrandó y el papá perdió la serenidad que a los ojos de Mariana siempre había sido su mejor virtud. El padre estaba asustado y ella no lo podía creer. Por primera vez lo advirtió como a un hombre común y silvestre, no era más el superhombre, al que había inventado para sentirse protegida. Contéstame papá, ¿Dios tampoco existe?
- No, pequeña - respondió luego de un sin fin de reflexiones y una larga pausa.
- ¡Qué estás diciendo! – Exclamó gritando- Dios vive en el cielo donde también vive el abuelo francés. Papá estás loco como la abuela.
- Cálmate Mariana – decía suplicante el padre mientras le sujetaba los hombros. Ven, vamos a soplar las velitas, todos te esperan.
- Contéstame ¿Dónde está el abuelo francés? el padre no hablaba, permaneció en silencio tratando de encontrar una respuesta. ¡Ah!, Exclamó la niña, no lo sabes, ¿verdad?
- Vamos al comedor.
- No voy, primero dime ¿Dónde vive el abuelo?
- Mariana, todos los invitados nos esperan – el papá se impacientó, la tomó de la mano, Mariana se soltó de un tirón y se apoyó en la pared – Dios existe, me lo dijo mamá, como también existe el diablo. Ahora lo sabes y más te vale que no lo olvides. Imprevistamente el papá se rindió ante una criatura de ocho años. Cuando lo vio vencido sintió tanta lástima por él como la siente ahora.
Acabada la fiesta de cumpleaños el papá se fue de casa tal como lo predijo la madre, y esa triste noche Mariana se hizo solo una pregunta ¿Por qué no se le habrá ocurrido creer en Dios?

EL GRITO DE ANA LU

Si algo me maravilla de Ana Lu es su espontanea forma de acercarse a la gente,  aùn camina como borrachita, tambaleàndose de un lado a otro,  pero ese pequeño gran  detalle no es impedimento para que ella cual iman atraiga a las personas. Quizà sea por su  natural sonrisa o por la forma graciosa  que  levanta la mano para saludar, o por  su grito profundo, ese que a veces suena como un pito agudo, delicado pero contundente. Ana Lu suele atraer las miradas de todos  aquellos  que se cruzan por su camino, consigue sin gran esfuerzo convertirse en el centro de atenciòn, desde ya tiene pasta de comunicadora, de contadora de cuentos, de payasita de circo, de cantante de opera o de zarzuela, con esa voz que de repente se convierte en grito, se eleva y luego  baja para  situarse  en el decibel preciso, como si lo hiciera a propòsito, como si supiera como hacerlo, será que lo adivina, lo intuye, y cuando siente que la voz se le escapa demasiado la guarda porque en el fondo de su inconciencia sabe que es solo  suya, no mìa, por eso la dejo gritar, expulsar sus alaridos que parecen aprendidos, pero no lo son, la dejo ser como quiere ser aunque realmente aùn no sepa como es. Su grito lo expresa todo porque le sale de adentro, de lo màs profundo de su inconsciencia, es parte de su imàn como lo son tambièn sus ojos razgados que la asemejan a un dibujo animado, o como lo es su sonrisa cautivante. Asi es mi Ana Lu, ahora convertida en un imàn que no solo atrae miradas, que va, ella atrae mucho màs que eso porque ella es mucho màs de lo que alguna vez siquiera imaginè

jueves, 13 de enero de 2011

No quiero hacerlo màs.

Hoy estoy irremediablemente triste, hoy no pude acompañarla, no pude confortarla, no pude animarla, no pude hacer nada por ella, otros lo hicieron por mi, me hubiera gustado hacerlo yo pero no pude. ¿Por què no puedo hacer las cosas que quiero hacer? ¿Por què me siento atada, amarrada, anclada a algo que nunca antes me habìa  disgustado hacer pero ahora  siento como una carga muy pesada?, me disculpo dicièndome a mi misma que lo hago por ella, que sigo alli por ella cuando en realidad lo sigo haciendo porque no sè hacer otra cosa y  porque no encuentro la forma de hacer algo diferente  que me desamarre de semjante carga.  No quiero hacerlo porque lo que realmente quiero es acariciarla sin descanso, despertar todos los dìas con la certeza de que nadie me movera de su lado por un buen rato, acostarme sabiendo que velarè sus sueños y no sonarà un horrible despertador para decirme que se acabò mi tiempo de cuidar sus sueños,  sin embargo, hoy no pude hacerlo, y me fui con el alma encogida, me fui cuando no querìa irme, y cuando estuve a punto de regresar corriendo para abrazarla de nuevo no pude hacerlo, fue mejor asi, no hubiera podido desprenderme de ella. Hoy no pude mimarla, consolarla, acompañarla, otros lo hicieron por mi, hubiera querido hacerlo yo, pero otra vez no pude y creo que las veces que no pueda se iràn sumando en mi memoria, y seràn como un callo que no se curarà nunca, y que con el transcurso del tiempo supongo se harà insoportable el dolor. Hoy estoy irremediablemente triste, sola con mi pena que se hace cada dìa màs penosa, y aunque yo quiera deshacerme de esta carga que se me hace cada dia màs pesada, no puedo hacerlo sola.