sábado, 22 de enero de 2011
"DE RECUERDOS Y SUEÑOS Y AMORES Y MAS
Fragmento de mi libro de relatos "De recuerdos y sueños y amores y mas...
- Papito, papi querido, sigue leyendo, me gusta escuchar tu voz, mamá dice que tu voz tiene carácter. ¿Qué es carácter, papi? responde.
- ¿Qué más dice tu madre?
- Que pronto te irás de casa. Yo le grito con toda mi voz, “mamá mentirosa”, “mamá mala”. ¿Por qué mamá dice mentiras? Papito responde, ¿papi se fue a la luna? – preguntaba Mariana cuando lo notaba completamente ausente. Mamá se escondió para llorar, dice que es un juego nuevo, papi, no me gusta ese juego. Creo que se volvió loca como la abuela.
- Mariana, baja la voz, la abuela está enferma.
- Mamá dice que está loca y que por su culpa se murió el abuelo francés.
- Basta niña, ya tienes ocho años.
- ¿Y tú cuántos años tienes?
- Muchos.
- ¿Cuántos?
- No te importa.
- Mi papi se volvió viejo, como al abuelo francés le llegó el climaterio.
- ¡Mariana! ¿Dónde escuchaste esa tontería?
- Me lo dijo mamá.
- No lo repitas.
- ¿Por qué?
- Porque no.
- Entonces es verdad. Mi papito ya no puede con una mujer.
- Te voy a lavar la boca con jabón.
- ¡Ah!, no papito, por favorcito no lo hagas. Le suplicaba mientras resbalaban por sus mejillas unas cuantas lágrimas de cocodrilo.
- Pórtate bien.
- Te lo prometo papito, pero no me laves la boca.
- Vamos a partir la torta.
- Mamá sigue jugando el nuevo juego, ¿Cuánto faltará para que se le acaben las lágrimas?
- Llama a tu madre.
- Está jugando el juego triste. Mamá la llorona, la abuela loca, vaya familia la que tengo.
- Basta, qué rápido se te olvidan las promesas. ¿Sabes qué les pasa a las niñitas que no cumplen sus promesas?
- Sí.
- ¿Qué les sucede?
- Se las lleva el diablo.
- ¿Quién te dijo eso?
- Mamá.
- Ella te mintió, el diablo no existe.
- Eso no es verdad – replicó Mariana gritando- sí existe y vive en el infierno.
- Claro que no.
- Si el diablo no existe entonces tampoco existe Dios - le dijo Mariana muy resuelta. El padre enmudeció, la miró fijamente a los ojos sin parpadear. Las palabras de su hija le sonaron como un cañonazo en sus oídos, su rostro se agrandó y el papá perdió la serenidad que a los ojos de Mariana siempre había sido su mejor virtud. El padre estaba asustado y ella no lo podía creer. Por primera vez lo advirtió como a un hombre común y silvestre, no era más el superhombre, al que había inventado para sentirse protegida. Contéstame papá, ¿Dios tampoco existe?
- No, pequeña - respondió luego de un sin fin de reflexiones y una larga pausa.
- ¡Qué estás diciendo! – Exclamó gritando- Dios vive en el cielo donde también vive el abuelo francés. Papá estás loco como la abuela.
- Cálmate Mariana – decía suplicante el padre mientras le sujetaba los hombros. Ven, vamos a soplar las velitas, todos te esperan.
- Contéstame ¿Dónde está el abuelo francés? el padre no hablaba, permaneció en silencio tratando de encontrar una respuesta. ¡Ah!, Exclamó la niña, no lo sabes, ¿verdad?
- Vamos al comedor.
- No voy, primero dime ¿Dónde vive el abuelo?
- Mariana, todos los invitados nos esperan – el papá se impacientó, la tomó de la mano, Mariana se soltó de un tirón y se apoyó en la pared – Dios existe, me lo dijo mamá, como también existe el diablo. Ahora lo sabes y más te vale que no lo olvides. Imprevistamente el papá se rindió ante una criatura de ocho años. Cuando lo vio vencido sintió tanta lástima por él como la siente ahora.
Acabada la fiesta de cumpleaños el papá se fue de casa tal como lo predijo la madre, y esa triste noche Mariana se hizo solo una pregunta ¿Por qué no se le habrá ocurrido creer en Dios?
- ¿Qué más dice tu madre?
- Que pronto te irás de casa. Yo le grito con toda mi voz, “mamá mentirosa”, “mamá mala”. ¿Por qué mamá dice mentiras? Papito responde, ¿papi se fue a la luna? – preguntaba Mariana cuando lo notaba completamente ausente. Mamá se escondió para llorar, dice que es un juego nuevo, papi, no me gusta ese juego. Creo que se volvió loca como la abuela.
- Mariana, baja la voz, la abuela está enferma.
- Mamá dice que está loca y que por su culpa se murió el abuelo francés.
- Basta niña, ya tienes ocho años.
- ¿Y tú cuántos años tienes?
- Muchos.
- ¿Cuántos?
- No te importa.
- Mi papi se volvió viejo, como al abuelo francés le llegó el climaterio.
- ¡Mariana! ¿Dónde escuchaste esa tontería?
- Me lo dijo mamá.
- No lo repitas.
- ¿Por qué?
- Porque no.
- Entonces es verdad. Mi papito ya no puede con una mujer.
- Te voy a lavar la boca con jabón.
- ¡Ah!, no papito, por favorcito no lo hagas. Le suplicaba mientras resbalaban por sus mejillas unas cuantas lágrimas de cocodrilo.
- Pórtate bien.
- Te lo prometo papito, pero no me laves la boca.
- Vamos a partir la torta.
- Mamá sigue jugando el nuevo juego, ¿Cuánto faltará para que se le acaben las lágrimas?
- Llama a tu madre.
- Está jugando el juego triste. Mamá la llorona, la abuela loca, vaya familia la que tengo.
- Basta, qué rápido se te olvidan las promesas. ¿Sabes qué les pasa a las niñitas que no cumplen sus promesas?
- Sí.
- ¿Qué les sucede?
- Se las lleva el diablo.
- ¿Quién te dijo eso?
- Mamá.
- Ella te mintió, el diablo no existe.
- Eso no es verdad – replicó Mariana gritando- sí existe y vive en el infierno.
- Claro que no.
- Si el diablo no existe entonces tampoco existe Dios - le dijo Mariana muy resuelta. El padre enmudeció, la miró fijamente a los ojos sin parpadear. Las palabras de su hija le sonaron como un cañonazo en sus oídos, su rostro se agrandó y el papá perdió la serenidad que a los ojos de Mariana siempre había sido su mejor virtud. El padre estaba asustado y ella no lo podía creer. Por primera vez lo advirtió como a un hombre común y silvestre, no era más el superhombre, al que había inventado para sentirse protegida. Contéstame papá, ¿Dios tampoco existe?
- No, pequeña - respondió luego de un sin fin de reflexiones y una larga pausa.
- ¡Qué estás diciendo! – Exclamó gritando- Dios vive en el cielo donde también vive el abuelo francés. Papá estás loco como la abuela.
- Cálmate Mariana – decía suplicante el padre mientras le sujetaba los hombros. Ven, vamos a soplar las velitas, todos te esperan.
- Contéstame ¿Dónde está el abuelo francés? el padre no hablaba, permaneció en silencio tratando de encontrar una respuesta. ¡Ah!, Exclamó la niña, no lo sabes, ¿verdad?
- Vamos al comedor.
- No voy, primero dime ¿Dónde vive el abuelo?
- Mariana, todos los invitados nos esperan – el papá se impacientó, la tomó de la mano, Mariana se soltó de un tirón y se apoyó en la pared – Dios existe, me lo dijo mamá, como también existe el diablo. Ahora lo sabes y más te vale que no lo olvides. Imprevistamente el papá se rindió ante una criatura de ocho años. Cuando lo vio vencido sintió tanta lástima por él como la siente ahora.
Acabada la fiesta de cumpleaños el papá se fue de casa tal como lo predijo la madre, y esa triste noche Mariana se hizo solo una pregunta ¿Por qué no se le habrá ocurrido creer en Dios?
EL GRITO DE ANA LU
Si algo me maravilla de Ana Lu es su espontanea forma de acercarse a la gente, aùn camina como borrachita, tambaleàndose de un lado a otro, pero ese pequeño gran detalle no es impedimento para que ella cual iman atraiga a las personas. Quizà sea por su natural sonrisa o por la forma graciosa que levanta la mano para saludar, o por su grito profundo, ese que a veces suena como un pito agudo, delicado pero contundente. Ana Lu suele atraer las miradas de todos aquellos que se cruzan por su camino, consigue sin gran esfuerzo convertirse en el centro de atenciòn, desde ya tiene pasta de comunicadora, de contadora de cuentos, de payasita de circo, de cantante de opera o de zarzuela, con esa voz que de repente se convierte en grito, se eleva y luego baja para situarse en el decibel preciso, como si lo hiciera a propòsito, como si supiera como hacerlo, será que lo adivina, lo intuye, y cuando siente que la voz se le escapa demasiado la guarda porque en el fondo de su inconciencia sabe que es solo suya, no mìa, por eso la dejo gritar, expulsar sus alaridos que parecen aprendidos, pero no lo son, la dejo ser como quiere ser aunque realmente aùn no sepa como es. Su grito lo expresa todo porque le sale de adentro, de lo màs profundo de su inconsciencia, es parte de su imàn como lo son tambièn sus ojos razgados que la asemejan a un dibujo animado, o como lo es su sonrisa cautivante. Asi es mi Ana Lu, ahora convertida en un imàn que no solo atrae miradas, que va, ella atrae mucho màs que eso porque ella es mucho màs de lo que alguna vez siquiera imaginè
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
-->