Mi padre era un fumador empedernido hasta que un día decidió dejar de fumar, no sabe exactamente por que tomó una decisión tan radical de la noche a la mañana (decisión de la que no se arrepiente en lo absoluto). No había sucedido nada fuera de lo común que lo obligase a dejar así de sopetón el vicio del que había sido víctima durante casi cuarenta años, simplemente ese día se levantó de la cama sin deseos de fumar, y antes de empezar a cuestionarse por que no tenía ganas de hacerlo, en realidad sabía de antemano que si empezaba con la pensadera terminaría encendiendo un cigarrillo, y quizá ese motivo pesó mas que cualquier otro razonamiento, se dijo así mismo que había llegado el momento de dejar de fumar, aunque no tuviera en ese preciso momento un motivo que lo obligase a hacerlo. Fumaba cigarrillos Ducal, me parece que hace buen tiempo esa marca está fuera de circulación, fumaba más de una cajetilla, no sé si dos, pero una cajetilla completa si que se la fumaba durante el día, sin ningún tipo de remordimiento, es más, me atrevería a decir que mientras fumaba se sentía el hombre más feliz de la tierra, se le veía en la cara, a pesar de haber leído en la cajetilla que fumar es dañino para la salud, se le veía feliz, era como si se sintiera inmortal expulsando humo por todos lados, pero como todo en la vida tiene un motivo de ser o parecer, a mi padre después de cuarenta años le vino la cordura que había perdido y dejó de fumar, y hasta el momento no ha sufrido secuela alguna por tantos años de contaminación pulmonar, a diferencia de su hermana que dejó de fumar el día que la llevaron al hospital en ambulancia al borde de la muerte, diagnóstico, enfisema pulmonar grave, la tía tuvo que tocar fondo para dejar de hacerlo, asi de seria fue la cosa, con síncope y todo, y ahora está sometida a la horca, como le dice ella a las largas horas que tiene que pasar durante el día con el oxigeno conectado, pues ya es imposible que ella pueda estar un solo día sin oxígeno, asi que a aguantarse nomás para seguir viviendo.
Mi amiga Margarita solía engañarse a sí misma diciendo que los cigarrillos hamilton no tiene casi nada de nicotina y que nadie podría morirse por fumarlos porque eran demasiado suaves como para causar algún daño. Lo cierto es que mi amiga Margarita empezó a perder peso y a sentirse cansada, diagnóstico, cáncer, tan agresivo que se la llevó en menos de lo que canta un gallo, y a mi me dejó la sensación de no haber hecho lo suficiente, de no haber hecho nada. Ella decía que se sentía sola y el cigarrillo era su única compañia, y yo me pregunto que tan sola se podía sentir para que su compañia sea al mismo tiempo su verdugo, y la respuesta me deja con una sensación de culpabilidad que me duele.
Cuenta mi padre que mi abuelo solía apostar en el club algunos soles porque según sus propias palabras era una manera de apaciaguar su soledad, ese vacío que había dejado mi abuela cuando se enfermó de la mente y el corazón, apostaba fumando y fumando, nunca paró por propia voluntad, sus males lo obligaron a hacerlo, como mi tía, tuvo que tocar fondo, aunque demasiado tarde porque a él ni el oxígeno pudo salvarlo.
Después de estás historias estoy convencida de que las situaciones inexplicables, no lo son tanto, y que a veces las sin razón tienen toda la razón, y que mi padre sin motivo aparente tomó la mejor decisión de su vida.
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