Llegamos. Al fin, dijo mi esposo mientras acostaba a Ana Lu que había llegado dormida al hotel. Eran más de las diez de la noche, y considerando que Ana Lu suele acostarse a las siete de la noche era totalmente comprensible que la pobre estuviera profundamente dormida.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano, teníamos ganas de salir corriendo de la habitación para verlo todo, ¿Qué era todo? simplemente el mar que desde nuestra ventana se veía grandioso, infinitamente azulado verdoso, mas bonito que en la página de internet de donde habíamos sacado la información para el viaje, y eso que en esas páginas suelen exagerar la belleza de los lugares con el famoso fotoshop. Pero para Ana Lu el mar no era digamos lo que capturó su atención, todo lo contrario, le dio miedo, de arranque lloró al oir el sonido de las olas mientras su papá intentaba sin resultado alguno llevarla hacia la orilla, no no no le decía llorando mientras escondía su carita llena de lágrimas en su pecho. Por supuesto que no quisimos someterla a un sufrimiento innecesario por lo que terminamos llevándola nuevamente al hotel. De pronto se había calmado, no lloraba y empezó a gritar la única palabra que sabe decir "agua" y en la piscina llena de agua se metió con una amplia sonrisa en su carita que ya no tenía lágrimas, pataleaba, jugaba con el agua, se la tomaba, caminaba alrededor de la piscina, sonreía, gritaba de alegría y después de nó sé cuanto rato, supuse que había pasado mucho tiempo porque sus manitas ya estaban totalmente arrugadas, intenté sacarla sin éxito de la piscina. Ella no quería salir y la verdad yo ya no quería que saliera aunque se le arrugara toda la piel porque hacía mucho tiempo que no la veía tan feliz. Era toda una niña mancoreña con pinta de mini hippie, con los pelos despeinados y una casaquita con capucha que la protegía de los vientos que empezaban a soplar con fuerza durante la tarde. Una niña mancoreña con chupón y pañales de winnie pooh, una niña feliz disfrutando de la naturaleza, el aroma a sal, los vientos cálidos, y las tardes llenas de diversión en la piscina.
La mascota del hotel era un simpaticó gatito que merodeaba por todos lados, y al que Ana Lu llamaba gritándole gua guao porque para ella todos los animales de cuatro patas son guao guaos.Era gracioso escucharla cuando llamaba al gatito, y era más gracioso aún verla posar para las fotos que su papá no se cansaba de tomarle, es una posera con estilo, coquetísima y loquísima. No cabe duda que este viaje fue divertido y sobretodo muy estimulante para mi pequeña Ana Lu.
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