Instagram -->

viernes, 16 de septiembre de 2011

CASTILLOS

Desde niña he construido castillos de arena, me encantaba construirlos con mi pala y mi balde, sentir la arena húmeda en mis manos, sentir como se iba chorreando  por mis dedos mientras alguna ola traviesa derrrumbaba sin piedad mi castillo, el que había construido con tanto esmero. Siempre sucedía lo mismo, apenas lo terminaba de construir alguna ola caprichosa que conseguía llegar hasta mi orilla lo derrumbaba, pero yo no me rendía, volvía de nuevo con mi pala y mi balde a la misma orilla para levantar otro. Y allí estaba yo, desafiando a la naturaleza con esa inocencia que creo conservo hasta el día de hoy, la diferencia es que ahora ya no construyo castillos de arena como cuando era niña, ahora, que voy por el mundo como la maga, distraída y divertida, inventado mundos felices, levanto grandes castillos de naipes, creyendo ingenuamente que son más fuertes y sólidos que los que solía construir cuando era chica, confirmando que soy más ingenua que cuando era esa niña  tenaz que no se rendía ante nada. Tan quijotesca me he vuelto que no quiero despertar sabiendo que afuera hay un mundo real que no para de girar, un mundo que de un solo bofetón me quiere regresar al punto de partida.Entonces, me escondo detrás de mi castillo que de un soplido podría venirse abajo, sin embargo, alli estoy de nuevo, creyéndome mis propios cuentos inventados por mí, soñando despierta, esperando lo que nunca podría llegar, pero yo espero porque aún creo que alguien me quiere como a la maga aunque no me guste el color amarillo como a ella, prefiero el verde, es más natural, mas inspirador. 
Nunca me visto de verde a pesar de que es mi color favorito, uso el negro porque se me ve mas delgada, y lo llamo por su nombre muchas veces pero creo que no me escucha o talvez si y no quiere que yo lo sepa, y entonces comienzo de nuevo a levantar mi castillo de naipes, el que creo fuerte y sólido, y lo siento a mi lado como cuando me vio por primera vez, y como pretexto para concerme me hizo  una pregunta intrascendente, y días después  me  buscaba por todos lados cuando me tenía frente a sus ojos que a veces no me querían ver. Entonces me acuerdo que salíamos a caminar por toda la avenida riendo, relojeando por las grandes tiendas miraflorinas, comiendo un helado Donofrio, mi favorito y el suyo, zambito de lúcuma y vainilla con chocolate, caminando de Miraflores a Chorrillos, como la maga y Horacio en París. Era cuestión de imaginación, como podría yo imaginar siquiera que aquello que parecía verdad no podría serlo totalmente, aunque hay todavía razones para seguir creyendo  que mi castillo puede seguir aún en pie, una fortaleza, un regalo de Dios con algunos arañones en sus naipes, es cierto que con el tiempo se gastan pero cuanto más usados, mas preciados. Y alli estoy yo de nuevo soñando con los ojos abiertos, sosteniendo mi castillo en el aire, no quiero que se derrumbe, ya no soy esa niña que no se cansaba de levantar castillos de arena una y otra vez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario