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sábado, 23 de julio de 2011

LA SOÑADORA

Desde chica he sido una soñadora empedernida hasta el punto de creerme mis propios sueños inventados, en realidad no sabía que soñaba, era simplemente mi imaginación que volaba y yo la dejaba volar sin darme cuenta, era un acto involuntario, incontrolable, no pensado. Quizá porque era una niña solitaria que había aprendido a convivir en un mundo de adultos, donde ocupaban mas espacios los problemas cotidianos que los juegos de una niña a la que no le faltaba nada y por lo tanto todo estaba bien. Pero yo no sentía que todo estuviera bien, es mas, tenía la absoluta certeza de que algo que no entendía ni sabía exactamente que era no estaba del todo bien. Algo que mi mente infantil no llegaba a comprender totalmente pero intuía con esa intuición innata que poseen todos los niños desde que están en el vientre de sus madres. Entonces fantasear que era otra niña que tenìa  muchas amigas que solo existían en mi imaginación, con las que conversaba y hasta llamaba por sus nombres, todos inventados por mi, se convirtió en un juego divertido, en un juego que me convertía en una niña momentaneamente  feliz, donde dejaba por unas horas de lado a esa niña solitaria y tímida que habitaba en mí. Esa niña solitaria que no quería ser pero era porque asì lo decidieron por mí. Pero en mis sueños yo decidía  por mí y por ellos, y por todos los demás, y yo escogía mi nombre y el de mis amigas, y era como yo quería ser y no como otros querían o esperaban que sea aunque no me lo dijeran, es mas creo que nunca me lo dijeron,  que yo recuerde. Y aunque a veces me vuelven a la memoria esos momentos mágicos en los que podía transformar mi realidad infantil  en otra mas agradable, ahora mi realidad es más linda que cualquier sueño por mas maravilloso que este sea, es una realidad  que supera largamente a la ficción y me gusta que así sea porque mi Ana Lucía es mi más grande  sueño, el  que finalmente  si se hizo de verdad.

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