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jueves, 23 de junio de 2011

MIS RINCONES FAVORITOS

Desde chica he tenido un rincón favorito, ahora que recuerdo, solía pasar largas horas jugando en un pequeño bar junto a la sala de la casa de mis padres, un bar que tenía una media pared que me protegía del mundo exterior, ahi me tumbaba sobre unos cojines a mirar el techo agrietado mientras pensaba en mi próxima travesura, la planeaba tomando en cuenta hasta el mínimo detalle, y cuando me cansaba de pensar llevaba a todas mis muñecas a ese rinconcito que se había convertido  en mi refugio, para peinarlas, vestirlas, mimarlas. Después de algunos años nos mudamos de casa a otra un poco más pequeña, en esa casa no había un bar ni nada que se le pareciese, sin embargo, no pasaron muchos días para que yo me refugiara en un nuevo rincón, una esquina del pasillo que conducía a las habitaciones, ahi puse algunos de mis tesoros bien pegaditos a la pared como para que nadie mas que yo los viera pero era imposible que pasaran inadvertidos, ya no estaba esa media pared que me protegía del mundo exterior. Pero ahi estaba yo sentada en el piso con la espalda recostada en esa esquina mirando un techo más estrecho y sin grietas, que al principio me parecía ajeno, pero que con el transcurrir de los días  fui sintiendo como mío, era mi pedacito de cielo, de cemento duro y desteñido, mi rincón favorito aunque no fuera tan bonito como el de mi casa anterior. Después de cinco años volví a mudarme, era ya grande como para buscarme un rincón en mi nueva casa, sin embargo, y cuando menos lo esperaba mi nuevo rincón me encontró a mí,  era mi nueva habitación, pero no toda la habitación, que va,  sino un espacio muy pequeño donde empecé a escribir mis primeros cuentos, era un escritorio empotrado en la pared, estaba tan metido que casi no se me veía desde la puerta. En ese escritorio pasaba tardes enteras escribiendo, leyendo, soñando, era el rincón de la inspiración.
Luego,  yo terminé convirtiéndome en un rincón, pero no toda yo, sino mi panza, ese fue el rincón de la vida donde vivó Analu durante nueve meses, su lugar  favorito, donde estaba calientita y protegida del mundo que la rodeaba y le era aún desconocido.  Un rincón que no era como ninguno de todos los anteriores porque ya no era solo mío, era también de ella, su refugio de nubes donde nunca estaba sola y me llamaba a pataditas. Era divertido sentirla dentro de mi panza, un poco doloroso, es cierto, pero no por eso menos divertido, pues tenía la sensación de que mi panza le quedaba chica y era gracioso sentirla abrirse espacio a patadita limpia.
Ahora ya no busco ni me buscan a mí, no hay nada que buscar ni encontrar  porque no he perdido nada ni ella me ha perdido a mí solamente ha cambiado de rincón, de mi panza a mi corazón.

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